HOME      QUEM SOMOS

 

                           rosabiblica                           

"et quasi flos rosarum in diebus vernis" (Sir. 50,8) 

 

 

 

EL LIBRO DE LOS NÚMEROS - LÍNEAS ABIERTAS EN LA INVESTIGACIÓN ACTUAL

 

 

FRANCISCO VARO

1. EL ESTUDIO DE LOS DOCUMENTOS PREVIOS A LA COMPOSICIÓN DE NÚMEROS

1.1. El redimensionamiento del «yahvista»

1.2. Las vacilaciones sobre el «deuteronomista»

1.3. La crisis del «sacerdotal»

2. NÚMEROS EN LA ENCRUCIJADA REDACCIONAL DE LA HISTORIA BÍBLICA

3. LA ESTRUCTURA INTERNA DEL LIBRO DE LOS NÚMEROS

4. PERSPECTIVAS ABIERTAS


 

Se suele decir que el libro de los Números parece un arsenal de material heterogéneo -listas de censos, normas legales, repertorios de objetos destinados al culto, o fragmentos de viejos poemas-, que resulta poco atrayente para el lector contemporáneo. En parte es verdad, pero no es toda la verdad. Quien supera esa prevención inicial y se aventura a leerlo encuentra en él textos narrativos de gran fuerza expresiva y con un alto valor plástico, que han proporcionado inspiración a artistas y escritores durante siglos. Pensemos en el maná y las codornices, los exploradores portando en la pértiga un racimo gigante, la serpiente de bronce, la vara florida de Aarón o la burra de Balaam, por sólo mencionar algunos.

Además, desde el punto de vista científico, el libro de los Números cada vez reclama mayor interés por parte de los investigadores. Su posición en el canon de los libros sagrados, después del Levítico y antes del Deuteronomio, lo sitúa en el núcleo del Pentateuco, en un lugar destacado de su trama narrativa. Allí se encuentra un texto plagado de incrustaciones populares y legales, unas antiguas y otras tardías, situado en la encrucijada de todos los vericuetos que se van abriendo camino desde el comienzo de la Biblia. Y todo esfuerzo por discernir esos senderos de la literatura, de la historia y, sobre todo, del Espíritu por los que discurre la palabra de Dios exige mirar con atención cada una de sus esquinas y recovecos en busca de una pista buena para buscar el sentido. Por eso, el estudio de las publicaciones sobre Números constituye hoy un excelente observatorio sobre el campo donde se libra la batalla de la investigación acerca de la composición, estructura, teología y significado del Pentateuco.

La producción bibliográfica reciente alcanza dimensiones casi inabarcables. Sólo en los quince últimos años se han publicado más de doscientos artículos relevantes para la investigación crítica sobre el libro de los Números en su conjunto o sobre alguno de sus pasajes, al tiempo que han visto la luz varias decenas de comentarios y monografias que se ocupan específicamente de este libro.

Los repertorios bibliográficos disponibles hoy en Internet son continuamente actualizados, y en los escaparates de las librerías virtuales se pueden ver las novedades bibliográficas desde cualquier rincón del mundo, a partir del mismo día de su publicación. Por eso, al elaborar este boletín bibliográfico para Scripta Theologica nos ha parecido que, más que informar sobre títulos y autores -lo que está al alcance de cualquier investigador en pocos minutos-, interesaría proporcionar unas claves que orientasen sobre el contenido de los estudios más importantes que se están publicando.

No nos detendremos a mencionar las aportaciones específicas sobre matices concretos de textos singulares, cuya enumeración sería interminable. Nuestro objetivo al escribir estas páginas consiste en mostrar las grandes líneas por las que discurren las investigaciones en nuestros días.

Puesto que Scripta Theologica ya publicó en 1991 un excelente boletín de Santiago Ausín sobre el estado de la investigación crítica del Pentateuco en ese momento1, remitimos a él para tomarnos la licencia de aludir con suma brevedad a lo acontecido hasta entonces. Sólo ocasionalmente prestaremos cierta atención a los estudios o comentarios previos a esa fecha que se ocuparon de cuestiynes con fuerte incidencia en el libro de los Números que parece necesario tener en cuenta para enmarcar adecuadamente lo sucedido después. Así pues, ahora nos ocuparemos sobre todo de los estudios publicados en los últimos quince años.

1. EL ESTUDIO DE LOS DOCUMENTOS PREVIOS A LA COMPOSICIÓN DE NÚMEROS

Para comenzar, hemos de remontarnos un poco en el tiempo. El primer tratado sistemático que puso las bases para la investigación crítica de Números, y que ha sido un punto de referencia obligado para muchos estudios en el siglo veinte, fue el comentario publicado por George Buchanam Gray en 1903 para el The International Critical Commentary2. Este Profesor de Hebreo y Exégesis del Antiguo Testamento en el Mansfield College de Oxford asume como marco de referencia la hipótesis documentaria que no mucho antes había propuesto Julius Wellhausen3. Según esta hipótesis, como es sabido, el Hexateuco4 es el resultado de la fusión de cuatro fuentes literarias independientes. La más antigua, denominada Yahvista (J), habría sido compuesta en Judá, el reino del sur, en el siglo IX a.C. Casi en paralelo, aunque unos años después, en el reino de Israel, al norte, se redactaría el documento Elohista, en el siglo VIII a.C. Asociado a la reforma de Josías, rey de Judá, en el año 621 a.C. se escribiría lo que constituye el núcleo fundamental del libro del Deuteronomio, que por eso se denomina Deuteronomista (D). Por último, durante el destierro de Babilonia, en el siglo VI a.C., se redactarían los escritos incluidos en la fuente Sacerdotal (P).

Por lo que se refiere al libro de los Números, G.B. Gray piensa que está compuesto por materiales yahvistas, elohistas y sacerdotales. Del deuteronomista no habría nada en él. Más en concreto, Números derivaría principalmente según Gray de dos obras anteriores. Una de ellas sería una recopilación (JE), realizada a finales del siglo VII a.C., de unos pasajes de procedencia yahvista y otros elohistas. La segunda obra previa sería la historia sacerdotal de algunas instituciones sagradas (Pg), escrita en torno al año 500 a.C. A esa historia sacerdotal se le añadirían posteriormente algunas historias complementarias (Ps) y materiales de tipo legal (Px).

Textos procedentes de la recopilación JE se encontrarían, por ejemplo, en los relatos de la puesta en marcha desde el Sinaí, el maná y las codornices, los setenta ancianos, la reivindicación de la figura de Moisés y el castigo de María (Nm 10, 29-12, 15), el envío de los exploradores (Nm 13-14), la rebelión de Datán y Abirán (Nm 16), los mensajeros a Edom y la negativa que encontraron (Nm 20, 14-21), y la mayor parte de los episodios de Balaam (Nm 22, 2-25, 5) 5

En cambio, los elementos sacerdotales son los que tienen mayor protagonismo en el libro, ya que todo él está enmarcado por dos grandes secciones sacerdotales. Una de ellas trata sobre la organización del campamento y la dedicación del tabernáculo (Nm 1, 1-10, 10) y la otra está compuesta casi en su totalidad por normas legales a tener en cuenta cuando Israel se instale en la tierra de Canaán (Nm 26, 1-36, 13). Pero también en las secciones centrales del libro abundan los textos sacerdotales, como sucede con las leyes de Nm 15 y 19, el relato de la rebelión de Coré con el consiguiente castigo (Nm 16-17)6 y lo que se refiere a la vara florida de Aarón y la superioridad de la tribu de Leví (Nm 17, 16-18, 32). De hecho, según el comentario de G.B. Gray, más de tres cuartas partes de Números son de origen sacerdotal, por lo que la teología sacerdotal es la que marca la principal impronta de su contenido.

En una línea análoga por lo que se refiere a las fuentes, pero con mayor escepticismo acerca de la atribución de los distintos pasajes a los documentos «tradicionales» de la hipótesis documentaria, se mueve Martin Noth en su comentario al libro de los Números7.

De una parte afirma que es posible reconocer en él tradiciones muy antiguas que, tras un largo periodo de transmisión oral, han sido redactadas de tal modo que no es posible una atribución clara al yahvista o al elohista convencionales, aunque no faltan elementos de proximidad a ellos8. Por otra parte, la historia deuteronomista que comenzaría al final de este libro, con el Deuteronomio, no guardaría relación con esos textos, sino que se trataría de algo diferente9. Es decir, no habría elementos deuteronómicos ni deuteronomistas en Números.

Además, en su conjunto, según Noth, Números contendría una enorme cantidad de material tardío -resultado de la reescritura de textos previos que no se podría datar con precisión, aunque ciertamente tendrían su origen en la comunidad cúltica de Jerusalén en un periodo post-exílico10.

Es decir, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo veinte la cuestión de los documentos previos a la composición del libro de los Números sigue moviéndose en el ámbito de la hipótesis trazada por Wellhausen. Sin embargo, en los años siguientes se fue percibiendo la necesidad de redimensionarla y corregirla muy a fondo, tanto por lo que respecta a los textos yahvistas y elohistas como a los sacerdotales.

1.1. El redimensionamiento del «yahvista»

 

Gray y Noth habían datado, siguiendo a Wellahausen, los textos yahvistas en el siglo IX a.C., y los elohistas en el VIII a.C., y de esos documentos, posteriormente refundidos, procederían los pasajes no sacerdotales de Números. Pero no habría en ellos huellas del deuteronomista. Sin embargo, en las últimas décadas ha quedado en evidencia que tal planteamiento no se corresponde con la realidad, por lo que ha sido fuertemente cuestionado.

Una de las voces discordantes con tonos más polémicos es la de John Van Seters. Aunque mantiene en uso el término «yahvista» para seguir designando a unos textos que tienen unas características propias, lo redefine por completo al datar todo ese material en un periodo exílico -y no en los primeros tiempos de la monarquía, como lo hacían Wellhausen y sus seguidores- y al detectar una fuerte interacción entre esos escritos y el deuteronomio. Es más, en su opinión ese «yahvista» escribe después del Deuteronomio y de la Historia Deuteronomista, y refleja un deuteronomismo tardío.

Para Van Seters, el yahvista es un historiador que se esfuerza por presentar las antiguas tradiciones sobre los orígenes de Israel en el contexto de las tradiciones orientales y occidentales sobre los tiempos primigenios 11. Su obra historiográfica tiene una primera parte constituida por los textos contenidos en el Génesis, que constituyen el prólogo a la historia de la nación, a la que sigue una segunda que es una biografia de Moisés desde su nacimiento narrado en el comienzo del libro del Éxodo hasta su muerte referida al final del Deuteronomio12. En abierto contraste con lo que pensaban Gray y Noth acerca de que en Números no había rastros de deuteronomismo, Van Seters afirma que en todos los textos yahvistas del libro de los Números se refleja una tendencia deuteronomista tardía, obra de un historiador judaíta que vivió entre los exiliados de Babilonia y en el que se aprecia también un fuerte impacto de la obra del segundo Isaías13.

Otra voz discordante con los planteamientos de la hipótesis documentaria acerca de los textos pre-sacerdotales del libro de los Números, aunque en una línea diferente a la de Van Seters, es la de Erhard Blum. También él piensa que los materiales literarios que están en la base del libro de los Números no provienen de la época de la monarquía, sino que son parte integrante de una gran composición pre-sacerdotal (KD), redactada bajo la influencia deuteronómica y cercana a los redactores de la historia deuteronomista, compuesta en un primer momento del periodo post-exílico 14. Sin embargo, es significativo que -a pesar de la sigla que utiliza para designarla- no caracterice a esa composición como «deuteronomista» sino como «pre-sacerdotal» (vor-priesterlichen), ya que percibe una gran heterogeneidad de los materiales literarios previos a la redacción sacerdotal.

1.2. Las vacilaciones sobre el «deuteronomista»

Esta apreciación está siendo ampliamente compartida, por lo que en los últimos años se ha suscitado un debate acerca de la terminología a utilizar para designar esos escritos. En concreto, se han alzado voces de duda acerca de que sea posible caracterizar como deuteronomistas esos pasajes previos a la reelaboración sacerdotal.

El motivo es que el uso de términos o expresiones comunes con el Deuteronomio, que suele la razón esgrimida con más frecuencia, no parece un elemento suficiente para catalogar un documento como deuteronomista, ya que es posible que esas coincidencias pudieran tener su origen simplemente en el patrimonio común de Israel, sobre todo teniendo en cuenta que entre los textos que se vienen considerando como deuteronomistas hay una notable diversidad 15. Por eso, muchos autores prefieren el término «pre-sacerdotal» para designar los relatos anteriores a la redacción sacerdotal, independientemente de que constituyeran o no una historia previa16.

En poco tiempo, pues, se ha pasado de una atribución masiva de textos tradicionalmente considerados yahvistas o elohistas al deuteronomista, y a un fuerte escepticismo acerca de la conveniencia de calificar como deuteronomista en sentido estricto a un conglomerado de materiales literarios tan heterogéneo.

1.3. La crisis del «sacerdotal»

Si en la investigación de las fuentes que intervienen en el libro de los Números fue debatida la cuestión acerca del origen de los textos «deuteronomistas», o si se prefiere «no sacerdotales», otro tanto se puede decir acerca de la caracterización de la historia sacerdotal.

En el comentario de Gray, de acuerdo con los presupuestos de la hipótesis documentaria, se consideraba que la historia sacerdotal había sido escrita independientemente de la yahvista-elohista. Ciertamente tomaba en consideración las evidentes interacciones entre las redacciones de una y otra, como es el caso de la mezcla de ellas que hay en el episodio de los exploradores (Nm 13-14) o de las rebeliones de Coré, Datán y Abirán (Nm 16), pero se trataría de cuestiones de importancia menor al investigar las fuentes originales 17. Sin embargo, lo que hoy se discute es la propia existencia de un documento sacerdotal. Veamos cómo se ha llegado a esta situación.

En el comentario a Números de Martin Noth ya se comenzaba a cuestionar la independencia de los textos yahvistas y elohistas con respecto a los sacerdotales. En efecto, Noth observaba que hay pasajes, especialmente en Nm 13-14, Nm 15 y Nm 16-19, donde parece que la narrativa sacerdotal ha proporcionado las formas literarias básicas para esos textos18. De hecho, la dificultad para delimitar los tres niveles en la composición de la historia sacerdotal (Pg, Ps y Px), utilizados por Gray y por él mismo en su análisis, así como en algunos pasajes sus interrelaciones con JE, constituyeron un problema real que estimuló fórmulas creativas en busca de respuestas convincentes.

En ese contexto de investigación fueron adquiriendo mayor notoriedad las vacilaciones acerca de la existencia de un documento sacerdotal autónomo, con vida propia, que hubiera quedado incluido en el Pentateuco. No se dudaba de que hubiese textos sacerdotales en el Pentateuco pero se discutía sobre su caracterización y datación. De hecho, pronto se apuntó la posibilidad de contemplar P más como una reelaboración de JE que como una obra separada de ella. Es decir, se trataría de una obra compuesta primariamente como un suplemento a JE19, o de un estrato redaccional que integrara elementos previos20.

John Van Seters, siguiendo esas intuiciones, considera que P es un estrato que complementa al yahvista, y por tanto -según su hipótesis sobre este punto, antes mencionada- posterior al Deuteronomio y a la Historia Deuteronomista21. Por su parte, también Erhard Blum señala que no se puede hablar de una historia sacerdotal que haya tenido una existencia independiente, sino sólo una composición sacerdotal (KP) que es fruto de una relectura crítica sacerdotal que reelabora la KD22. Ninguno de los dos piensa en un escrito sacerdotal autónomo. Pero no son los únicos. En los últimos años muchos otros investigadores se han ido sumando a la convicción de que el material sacerdotal del Pentateuco nunca tuvo una existencia previa como documento o fuente independiente, sino que más bien ha de ser considerado como la sistematización y complementación de una obra o tradición ya existente23

Quedan, no obstante, algunos autores que siguen pensando que se puede hablar de un escrito sacerdotal independiente, aunque restringen notablemente sus dimensiones. Thomas Pola en su tesis doctoral presentada en Tubinga mantiene que ese documento terminaría en Ex 4024, y según E. Otto su límite final estaría en Ex 2925 . Es decir, en ambos casos ese hipotético documento no alcanzaría al libro de los Números.

En los últimos años del siglo veinte, pues, la investigación crítica sobre la composición del Pentateuco, y por tanto del libro de los Números, ha sido sumamente compleja. El marco de referencias que proponía la hipótesis documentaria clásica, con sus cuatro fuentes, se considera definitivamente roto.

Ahora se distinguen básicamente dos estratos, uno pre-sacerdotal y otro sacerdotal, aunque casi nadie se atreva a considerarlos como documentos que tuviesen una existencia previa independiente. También se apunta al periodo post-exílico como momento de la puesta por escrito de la casi totalidad de esos textos, y al final de la época persa como momento de la redacción que sería definitiva del Pentateuco.

No obstante, en la medida en que se afina en el análisis, cada vez quedan más flecos sueltos a la hora de dilucidar con precisión la historia literaria de los textos, el alcance de las fuentes previas, o el modo y las circunstancias históricas concretas de las diversas etapas redaccionales recorridas hasta alcanzar la forma final.

2. NÚMEROS EN LA ENCRUCIJADA REDACCIONAL DE LA HISTORIA BÍBLICA

A la vez que la investigación crítica sobre la formación del Pentateuco revisaba la caracterización de los documentos o composiciones que lo han configurado, y retrasaba su datación hasta los periodos más tardíos de la época persa, las fechas establecidas entre esas composiciones y la redacción final se iban acercando. Es más, cada vez más se iba llegando a la convicción de que composición y edición están muy relacionadas, por eso se sigue con creciente interés lo sucedido en esas últimas etapas que llevaron a la configuración definitiva del texto canónico.

De hecho, en las últimas décadas esa investigación ha ido desplazando su foco de interés desde el estudio de los documentos previos que se fueron integrando en el Pentateuco al proceso mismo de integración de esos escritos en las fases finales de su redacción. Es razonable que sea así, pues el proceso de cierre del conjunto de esos cinco libros tiene una fuerte incidencia en el sentido que adquiere cada uno de ellos, según desde qué perspectiva global se mire.

Unas sencillas observaciones pueden ser suficientes para percibir que el Pentateuco es una obra literaria que, aunque en su redacción se haya contado con textos previos, reclama ser leída en su conjunto.

En efecto, todo él está configurado por una trama narrativa suficientemente clara en la que no faltan marcas de continuidad, aunque de vez en cuando aparezca interrumpida por la inclusión de amplios textos legales. En el progreso de la narración no faltan referencias temporales ni espaciales a acontecimientos de singular importancia que ordenan cronológicamente los diversos materiales literarios integrados en el conjunto. Estas marcas redaccionales organizan una superestructura narrativa que, además, trasciende el marco propio de cada uno de los cinco libros que configuran la división tradicional.

Entre otros detalles, es posible observar que en todo el Pentateuco se ordenan distintos relatos situándolos en el tiempo y datándolos con respecto a la salida de los hijos de Israel de Egipto, que está narrada en el libro del Éxodo. Pero los relatos organizados con esa estrategia narrativa no están sólo en ese libro (Ex 16, 1; 19, 1; 40, 17) sino también en Números (Nm 1, 1; 9, 1; 10, 11; 33, 38) y Deuteronomio (Dt 1, 3). A su vez, esa salida es fechada con respecto a la llegada de los hijos de Israel a Egipto (Ex 12, 40), de la que se trata en el Génesis 26.

Pero el esquema estructurador que proporcionan esas indicaciones temporales relativas a la salida de Egipto se entrecruza con un marco espacial que sitúa los relatos en sucesivas etapas de la marcha por el desierto. Una recapitulación de ese itinerario que comienza con la salida de Egipto se encuentra en el libro de los Números (Nm 33, 1-49), pero las etapas que en él se mencionan estructuran la narración en Éxodo (Ex 12, 37-39; 13, 20-22; 14, 1-31; 15, 22-26; 15, 27; 16, 1-36; 17, 1-16; 19, 2), Números (Nm 10, 12.33; 11, 3-34; 11, 35-12, 15; 20, 1; 20, 22-29; 21, 4-9; 21, 10-12; 22, 1; 25, 1-3) y Deuteronomio (Dt 34, 1-8) 27.

Por lo que se refiere al libro de los Números estos datos indican que ha de leerse como una parte del conjunto literario más amplio en el que está insertado.

Sin embargo, las dificultades surgen de nuevo al intentar fijar los límites de ese conjunto más completo del que forma parte. ¿Termina con el Pentateuco o más adelante?

Si nos fijamos en la datación con respecto a la salida de Egipto, las marcas estructurantes de la redacción no terminan en el Deuteronomio sino que llegan hasta los libros de los Reyes donde se dice que el Templo de Jerusalén fue construido en tiempo del rey Salomón, cuatrocientos ochenta años después de la salida de los israelitas de la tierra de Egipto (1 R 6, 1), y ese dato no es irrelevante, pues apuntaría a una estructuración literaria que comienza con Gn 1 mediante un esquema que en su relato de la creación anticipa la instauración de un culto en el Templo que se construiría, al señalar que el día cuarto fueron creados los cuerpos celestes para fijar el calendario litúrgico, y que en el día séptimo se instauró el descanso sabático. Todo esto apuntaría a que la trama narrativa del Pentateuco puede interpretarse como parte de una ambiciosa historia nacional que se extendiese desde los orígenes del mundo y del hombre hasta el final la época monárquica que termina fuera de los confines de su tierra, en el exilio de Babilonia28. Téngase en cuenta que Adán y Eva, al comienzo de la narración son expulsados de la tierra que el Señor había puesto a su disposición, y que la historia de los orígenes de la humanidad (Gn 1-11) que de algún modo recapitula el futuro desarrollo de los acontecimientos, termina en Babel (esto es, en Babilonia)29.

En esa línea se mueve también, aunque con otros parámetros, la hipótesis de Erich Zenger de que la primera fuente del Pentateuco sería una «obra histórica jerosolimitana» compuesta poco después del asedio de Senaquerib en el 701 a.C., a partir de unos ciclos narrativos independientes, que se extendería desde el comienzo de la época patriarcal en el capítulo 11 del libro del Génesis hasta el final del libro de Josué. Escrita en un momento de crisis, con Judá sometida al vasallaje asirio, sería obra de ambientes sacerdotales, administrativos y proféticos que reflexionarían sobre las relaciones de Judá y el recién caído Israel con el Señor, en busca de una renovación religiosa y política. Poco después, durante la reforma de Josías, el Deuteronomio, cuyas raíces estaban ya puestas desde el reinado de Ezequías, recibiría su forma literaria, como documento del pacto. Más tarde, como consecuencia de la crisis exílica del 587 a.C. esa obra sería reelaborada y ampliada, adelantándose su comienzo al relato de la creación del ser humano en el Edén (Gn 2, 4b y ss.) y prolongándose sus contenidos hasta el exilio de Babilonia integrando en ese momento gran parte de la historia de los orígenes, el Código de la Alianza y el Deuteronómico, así como los relatos acerca de los jueces y de los reyes. A esta edición notablemente ampliada de la anterior Zenger la denomina «historia exílica» y estaría marcada por una perspectiva deuteronómico-deuteronomista. En los primeros momentos del post-exilio, marcando distancias respecto a la «historia exílica» y algo después que ella, hacia el 520 a.C., se compondría un «relato sacerdotal» que, posteriormente, en momentos de colaboración entre teología deuteronomista y sacerdotal, fue unido a esa historia, en el contexto de la erección de la provincia de Judá en el imperio persa en torno al 450 a.C. y tal vez con el impulso de Nehemías. Por último, sobre el 400 a.C. y por obra de Esdras se separarían de ese conjunto los cinco primeros libros para constituir la Torah o ley constitucional de Judá, y quedaría el resto formando el bloque de los «profetas anteriores»30.

Además de E. Zenger y los seguidores del llamado «modelo de Münster», son numerosos los investigadores que se han centrado en el estudio de los marcadores redaccionales que invitan a reflexionar sobre el proceso de fijación de los límites de ese conjunto historiográfico, y posteriormente del Hexateuco y del Pentateuco.

En efecto, al analizar la fragmentación del conjunto muchos elementos sugieren pensar de entrada en un Hexateuco. Por ejemplo, la promesa de la tierra hecha a Abrahán no se cumple, en plenitud hasta su toma de posesión y reparto, en el libro de Josué. Pero también algunos detalles que pueden parecer anecdóticos, como son los relativos a los huesos de José: el juramento que hace pronunciar a los hijos de Israel de que se los llevarían a la tierra que Dios prometió a sus padres (Gn 50, 25) es recordado por Moisés, que los toma consigo al salir de Egipto (Ex 13, 19) y es cumplido definitivamente por Josué al sepultarlos en Siquén (Jos 24, 32). Estos y otros indicios más invitan, pues, a leer los textos en una «lógica hexateucal» dominada por la posesión de la tierra como un don del Señor.

Sin embargo, otros muchos detalles, más centrados en una teología de la alianza, introducen en una «lógica pentateucal» que subraya el valor central de la Ley31.

Unos y otros indicios presentes en los textos son señales del debate teológico post-exílico en unas circunstancias en las que el «lugar» específico de Israel ya no es tanto el país cuanto la Torah, por lo que finalmente terminaría imponiéndose la «lógica pentateucal» sobre la «hexateucal».

La incidencia de ese debate en el libro de los Números juega un papel privilegiado en la voluminosa monografía de Reinhardt Achenbach sobre la redacción de Números32. Comienza su estudio con un análisis pormenorizado de Nm 16 y 17, en donde identifica tres estratos redaccionales, todos ellos post-deuteronomistas y post-sacerdotales. La primera redacción, a la que denomina Hexateuchredaktion, la sitúa en la primera mitad del siglo V a.C., se extendería desde Génesis hasta jueces y estaría caracterizada por su apertura hacia los que no son israelitas de nacimiento. La segunda, llamada Pentateuchredaktion, del siglo V a.C. bien avanzado, subraya la eminencia profética de Moisés. Por último, hay una «reelaboración teocrática» en el siglo IV a.C. dirigida a proporcionar una base autoritativa para organizarse como una comunidad teocrática bajo la supremacía del Sumo Sacerdote. Según su análisis nada habría en Números de las fuentes tradicionales del Pentateuco, sino fragmentos de viejas tradiciones que han sido integrados en alguna de estas tres redacciones.

El estudio de Achenbach es testimonio elocuente de lo que va llevando consigo el desplazamiento del interés de las investigaciones críticas por los documentos previos al texto hacia las últimas etapas en el proceso de redacción del libro, cada vez más evidente en los últimos años.

3. LA ESTRUCTURA INTERNA DEL LIBRO DE LOS NÚMEROS

En paralelo con el desplazamiento en el interés de los estudios sobre el Pentateuco hacia sus últimas fases redaccionales, en la literatura científica se aprecia también un notable cambio en la perspectiva dominante, que en los últimos años ha pasado a ser la sincrónica, esto es, la que se descubre en la propia estructuración que muestra el texto tal y como ha llegado hasta nosotros.

Aunque, como se ha señalado, no se puede eludir la necesidad de atender a todo el Pentateuco -e incluso el Hexateuco, y hasta la obra historiográfica más amplia- en su conjunto, tampoco se puede obviar la personalidad propia con la que se presenta cada uno de los libros que integran inseparablemente ese conjunto33. En efecto, los cortes en el relato del Pentateuco que dan lugar a esos cinco libros responden a una estrategia literaria que realiza esa división atendiendo a que cada una de las unidades resultantes constituyan una obra completa en sí misma, con una estructuración propia del material literario que contiene, y de la que se sigue un significado específico34.

En concreto, el libro de los Números tiene un principio y un final claramente marcados mediante un encabezamiento -«El Señor habló a Moisés en el desierto del Sinaí, en la Tienda de la Reunión, el día uno del mes segundo, en el año segundo de su salida de la tierra de Egipto, y les dijo» (Nm 1, l)- y una conclusión - «Éstos son los mandatos y las disposiciones que el Señor ordenó por medio de Moisés a los hijos de Israel, en las estepas de Moab junto al Jordán, frente a Jericó» (Nm 36, 13) -. A la vez, por encima de la variedad de materiales literarios de distintas procedencias que han quedado integrados en él, el texto definitivo que ha sido recibido en el canon constituye una unidad orgánica35. De modo que se impone la tarea de buscar los rasgos estilísticos y estructurales que integran un material tan diverso en un conjunto que, a pesar de todo, resulta cohesionado.

La estructuración más elemental, que se percibe casi a simple vista, es la basada en los criterios topográficos y temporales. El comentario de Gray ya mencionado se fijaba en los tres escenarios sucesivos en que se desarrolla la acción: el desierto de Sinaí, donde el pueblo permanece diecinueve días (Nm 1, 1-10, 11); el norte del Sinaí y el oeste de la Arabá, donde el pueblo está treinta y ocho (redondeando, cuarenta) años (Nm 10, 11-21, 9); y el este de la Arabá, en donde pasan no más de cinco meses (Nm 21, 10-36, 13) 36.

Muchos otros comentarios posteriores se basan en la localización geográfica que ofrece el propio texto para organizar los escenarios donde se enmarcan las acciones y normas legales. En general suelen distinguir tres escenarios: los alrededores del Sinaí, el desierto de Parán en torno a Cadés, y las estepas de Moab. Sin embargo hay notables divergencias al fijar el límite de cada una de las secciones, especialmente de la segunda, debido a que se mencionan varios cambios de escenario en etapas con sucesos casi irrelevantes en comparación con todo lo narrado antes en los alrededores de Cadés o después en Moab37. En muchas ocasiones, esta estructuración en tres secciones viene designada en los comentarios atendiendo a los contenidos de los sucesos narrados en cada escenario y no al lugar. Por ejemplo, Philip J. Budd las denomina así: la constitución de la comunidad en el Sinaí (1, 1-9, 14); el itinerario -sus fracasos y éxitos- (9, 15-25, 18); y preparativos finales para el asentamiento (26, 1-35, 34) 38. Y más recientemente, W H. Bellinger Jr. distingue entre: preparación para la marcha (1-10), murmuraciones en el desierto (11-20) y desplazamientos por Transjordania (21-36) 39.

Sin embargo también se han propuesto otras posibles estructuraciones que den razón de la articulación de todo el libro tal y como ha sido recibido.

La que ha tenido más influencia en los comentarios posteriores es la que propuso D.T Olson a partir de la observación de que los dos censos que se incluyen en Números constituyen como pórticos de dos grandes secciones que configurarían el libro y le darían sentido. El primer censo (Nm 1-4) es el de la generación que había salido de Egipto y que es la protagonista de los relatos en la primera parte. Pero esa generación pecó, se rebeló contra el Señor a pesar de los favores y protección divina que había podido experimentar, y murió en el desierto (Nm 1-25). El segundo censo (Nm 26) corresponde a la siguiente generación, cuyo final aún no se ve pero que está preparada para entrar en la tierra prometida (Nm 26-36) 40. El libro invita pues, a pensar en el contraste entre estas dos generaciones y a sacar consecuencias. Esta propuesta puede servir, además, para recuperar el interés por un libro de la Biblia que desde esta perspectiva puede seguir proporcionando una ayuda útil a los creyentes del mundo post-moderno41.

Con posterioridad, aún se han realizado dos propuestas relevantes más en torno al análisis de la estructura de Números. La primera de ellas es la que presenta Jacob Milgrom en su monumental comentario, donde considera a Números inseparable del Hexateuco en su conjunto. Este autor señala que hay una estructura global teológica y literaria en forma de gigantesco quiasmo múltiple (ABCDEFGXG'F'E'D'C'B'A'), al que se habría añadido la historia de los orígenes y el Deuteronomio, que va del comienzo del Génesis al final de Josué. Estaría compuesto por las siguientes secciones: A (Gn 12-50), B (Ex 1-12, 36), C (Ex 12, 37-15, 21), D (Ex 15, 22-18, 27), E (Ex 19-24), F (Ex 25-31), G (Ex 32), X (Ex 33), G' (Ex 34), F’ (Ex 35-40), E' (Lv 1 - Nm 10, 10), D' (Nm 10, 11-36, 13), C' (Jos 1-4), B' (Jos 5-12), A’ (Jos 13-24). Como sucede en las macroestructuras de estas características, lo decisivo es lo que ocupa la posición central, en este caso Ex 33 donde se narra la teofanía del Sinaí42.

La segunda propuesta es la realizada por la antropóloga Mary Douglas. Se trata de un ejemplo de crítica retórica a gran escala, pues sugiere que todo el libro de los Números está organizado con una estructura circular: tendría seis secciones legales en alternancia con siete secciones narrativas, pero de tal modo que unas y otras van emparejadas por temas: órdenes divinas (Nm 1-4 y 36), cuidando la fe (Nm 5-6 y 33, 50-35), ofrendas (Nm 7-9 y 31-33, 49), tiempos sagrados (Nm 10, 1-10 y 28-30), rebeliones (Nm 10, 11-14 y 20-27), ofrendas y purificaciones (Nm 15 y 18-19) y la triple rebelión y la vara de Aarón (Nm 16-17) 43.

Ambas propuestas están muy elaboradas y son sugestivas, hacen pensar e indudablemente apuntan hacia hechos que es necesario tener en cuenta. Sin embargo unas macroestructuras de tal amplitud siempre son discutibles, pues, como señala Wenham tales estructuras son convincentes si los elementos simétricos están muy cercanos unos de otros, pero cuando quedan tan lejos en el texto siempre queda la duda de si tales estructuraciones han sido obra del autor o son más bien creación del lector44

A diferencia de estas últimas, la propuesta de Olson mencionada antes sí que ha tenido una amplia recepción y ha sido tenida en cuenta en algunos comentarios publicados en los últimos años. Así sucede, por ejemplo, con el comentario de R. Dennis Cole, que ajustándose a ese esquema, viene estructurado en dos «libros»: el final de la primera generación en el desierto (1, 1-25, 18) y la nueva generación y las perspectivas de la tierra prometida (26, 1-36, 13) 45. También Olivier Artus en sus estudios sobre las leyes del Pentateuco la tiene muy presente, aunque con matizaciones relevantes, al enmarcar las leyes contenidas en el libro de los Números 46. En cambio otros, como Timothy R. Ashley, aun reconociendo sus aciertos, prefieren organizar su comentario siguiendo el esquema geográfico, más tradicional, para ayudar al lector a seguir mejor el orden narrativo del Pentateuco en su conjunto47. Y también es posible encontrar fórmulas mixtas como la del comentario de Thomas B. Dozeman 48.

En cambio, Rolf P. Knierim y George W. Coats han manifestado su desacuerdo con la propuesta de Olson, aunque le reconocen el mérito de haber reclamado la atención crítica hacia los factores que configuran grandes estructuras en el texto49. Por su parte, también distinguen dos secciones, aunque diversas de las señaladas por Olson. Consideran a todo el libro como la saga de una campaña migratoria. En la primera parte se prepararía el desplazamiento con una cuidadosa planificación cultual y militar (Nm 1, 1-10, 10) y en la segunda se narraría la ejecución del plan, es decir, el caminar por el desierto (Nm 10, 11-36, 13) 50. Jean Louis Ska observa que en esa segunda parte cabría introducir una subdivisión, sin necesidad de modificar la estructura bipartita general, pues en esa marcha hay dos etapas bien distintas: en la primera Israel camina hacia la tierra prometida (Nm 10, 11-21, 20), mientras que en la segunda empieza a conquistar un territorio (Nm 21, 21-36, 13) 51

4. PERSPECTIVAS ABIERTAS

La presentación necesariamente sintética que hemos realizado hasta ahora de las grandes líneas en las que se sitúa la bibliografía reciente sobre el libro de los Números ilustra de modo suficiente que los comentarios al libro de los Números así como los artículos científicos y de divulgación que se han publicado en los últimos años siguen ofreciendo una gran diversidad de orientaciones.

Algunos siguen empleando de modo preferente los esquemas «clásicos» de la hipótesis documentaría52 , aunque en algunos casos fuertemente modificados 53.

Otros utilizan un esquema que sigue presuponiendo un desarrollo de los textos en el tiempo, pero retrasan notablemente la datación de los documentos antiguos54. En este caso se suelen interpretar las tensiones entre los textos de origen diverso no en relación con su distinta procedencia espacio-temporal, sino como reflejo de divergencias ideológicas entre los distintos grupos humanos que intervienen en el momento de la composición55.

Por último, los hay que, aun reconociendo que hay un proceso de composición desarrollado en el tiempo y unas estrategias redaccionales que dejan su impronta en el texto, no se entretienen en seguir las huellas de tales hechos, sino que concentran sus esfuerzos en analizar con detalle solamente la forma final 56. O al menos dedican al análisis sincrónico una atención preferente y unarelevancia prioritaria sobre los procedimientos diacrónicos, aunque sin dejar de prestar a éstos la atención debida57.

En ninguna de esas líneas se puede decir que se haya alcanzado un consenso suficientemente estable acerca de todos los puntos. Hay, desde luego, algunos hechos indiscutibles, como la existencia de muchos textos que pueden ser caracterizados como sacerdotales y otros que son ciertamente anteriores, o la constatación de que la redacción final ha sido un proceso muy complejo llevado a cabo en una época post-exílica. Pero quedan muchas cuestiones de detalle pendientes de resolución.

Mas por encima de esos puntos concretos, desde una perspectiva teológica, la situación actual de la investigación muestra que los acontecimientos históricos, muchos de ellos difíciles, por los que ha pasado Israel han propiciado la reflexión teológica y una mejor percepción de sus relaciones con Dios.

También se han manifestado con mayor claridad aún los lazos entre una tradición que avanza y su escritura, que han quedado de algún modo inscritos en la propia configuración de estos textos sagrados: los textos más antiguos no han sido los decisivos en la configuración de la forma canónica, sino el entorno del momento en que se llevó a cabo la redacción final y sobre todo la integración en unidades mayores que el propio libro. Y esto también es importante, pues en un proceso que tiene un desarrollo progresivo como sucede con la Revelación divina lo más antiguo no es lo más genuino, sino al revés. Lo decisivo es lo que a la luz de la plenitud posterior es posible reconocer en los textos anteriores. Queda de ese modo abierta, de modo natural y casi exigido por la naturaleza misma de los textos, la llamada a leerlos desde la perspectiva en que la Revelación ha alcanzado su plenitud, es decir, desde Jesucristo.

Por eso, también entre la bibliografía reciente han de ser valoradas en su justa medida las aportaciones que invitan a una comprensión del texto canónico desde la fe recibida y vivida en la Iglesia. Entre ellas se puede mencionar la excelente selección de comentarios patrísticos al libro de los Números realizada por Joseph T. Lienhard en colaboración con Ronnie J. Roms, y completada por Marcelo Merino para su traducción española, preparada para la colección de La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia58. Y también el comentario al libro de los Números, particularmente atento al mensaje teológico y espiritual del texto en la tradición cristiana, de la Sagrada Biblia editada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra59.

Francisco VARO
Facultad de Teología
Universidad de Navarra

PAMPLONA

 


1. Cfr. S. AUSIN, «La composición del Pentateuco. Estado actual de la investigación crítica», Scripta Theologica 23 (1991) 171-183.

2. G. B. GRAY, A Critical and Exegetical Commentary on Numbers, T & T Clark,Edinburgh 1903.

3. J. WELLHAUSEN, Die Composition des Hexateuchs und der historischen Bücher des AT, Berlin 1889. En este volumen recoge una serie de artículos publicados en 1886 y 1887.

4. Wellhausen incluye también el libro de Josué junto con el Pentateuco.

5. Más en concreto, los pasajes que Gray atribuye a J y E son los siguientes: Nm 10, 29-12, 15; Nm 13, 17b-20.22-24.26.33; Nm 14, 1b.3-4.8-9.11-25.39-45; Nm 16, 1b.2b.12-15.25-26.27b-34; Nm 20, 1b.5.14-21; Nm 21, 1-9.1lb-32; Nm 22, 2-25, 5 y manifiesta dudas sobre Nm 32 y Nm 33.

6. Aunque en esos capítulos se han entremezclado numerosos elementos de relatos E relativos a las figuras de Datán y Abirán.

7. M. NOTH, Numbers. A Commentary, The Westminster Press, Philadelphia 1968 el original alemán es de 1966).

8. Cfr. ibid., 5t8.

9. Cfr. ibid., 9.

10. Cfr. ibid., 10.

11. J. VAN SETERS, Prologue to History: The Yahwist as Historian in Genesis, Theologischer Verlag, Zürich 1992, 86-103.

12. J. VAN SETERS, The Life of Moses. The Yahwist as Historian in Exodus-Numbers, Kok Pharos Publishing House, Kampen 1994, 2.

13. Cfr. ibid., 468.

14. Cfr. E. BLUM, Studien zur Kompos ion des Pentateuch, Walter de Gruyter, Berlin 1990, 111-143.

15. La cuestión ha sido debatida y documentada por N. LOHFINK, «Gab es eme deuteronomistische Bewegung?», en W GROSS (ed.), Jeremia und die «deuteronomistische Bewegung», Beltz, Weinheim 1995, 313-382.

16. Cfr. T.B. DOZEMAN, God at War: Power in the Exodus Tradition, Oxford University Press, Oxford 1996, 171-183 y T. ROMER, «Nombres», en T. ROMER, J.-D. MACCHI y Ch. NIHAN (ed.), Introduction à ¡Ancien Testament, Labor et Fides, Genève 2004, 205-206.

17. Cfr. G.B. GRAP, A Critical..., cit., xxxi.

18. M. NOTH, Numbers..., cit., 6-7.

19. Cfr. R.H. PFEIFFER, Introduction to the Old Testament, Adam and Charles Black, London 1952, 203-209, especialmente 207.

20. Cfr. F.M. CROSS, Canaanite Myth and Hebrew Epic. Essays in the History of the Religion of Israeli Harvard University Press, Cambridge Mass. 1997 (1.a edición en 1973), 324-325.

21. Cfr. J. VAN SETERS, The Pentateuch. A Social-Science Commentary, Sheffield Acadmic Press, Sheffield 1999, 164.

22. Cfr. E. BLUM, Studien..., cit., 229-232.

23. Un buen status de ese cambio de perspectivas con respecto a la hipótesis documentaria clásica puede encontrarse en M. VERVENNE, «The "P" Tradition in the Pentateuch: Document and/or Redaction? The "Sea Narrative" (Ex 13, 17-14, 31) as a Test Case», en C. BREKELMANS y J. LUST, Pentateuchal and Deuteronomistic Studies, Leuven University Press, Leuven 1990, 67-74.

24. T POLA, Die Ursprüngliche Priesterschrift. Beobachtungen zur Literarkritik und Traditionsgeschichte von Pg, Neukirchener Verlag, Neukirchen-Vluyn 1995.

25. Cfr. E. O1-ro, «Forschugen zur Priesterschrift», Theologische Rundschau 62 1997) 1-50.

26. Cfr. J. BLENKINSOPP, El Pentateuco. Introducción a los cinco primeros libros de la Biblia, Verbo Divino, Estella 1999 (la primera edición, en inglés, es de 1992), 70-75.

27. Cfr. G.W. COATS, «The Wilderness Itinerary», Catholic Biblical Quartely 34 (1972) 135-152 y G.I. DAVIES, «The Wilderness Itineraries and the Composition of the Pentateuc», Vetus Testamentum 33 (1983) 1-13.

28. Se trataría de una primera obra histórica, que Paolo Sacchi denomina R1. Cfr. P SACCHI, Historia del judaísmo en la época del Segundo Templo, Trotta, Madrid 2004 (primera edición, en italiano, de 1994), 94-109, especialmente 99-100.

29. Toda esta cuestión la desarrolla ampliamente J. BLENKINSOPP, El Pentateuco..., cit., 49-76.

30. Cfr. E. ZENGER, «Ipotesi sull'origine del Pentateuco e sviluppi dell'indagine scientifica», en E. ZENGER (ed.), Introduzione all' Antico Testamento, Queriniana, Brescia 2005 (primera edición, en alemán, de 1995), 117-186, especialmente 155-164.

31. Cfr. E. OTTO, Gottes Recht als Menschenrecht: Rechts - und literaturhistorische Studien zum Deuteronomium, Harrassowitz, Wiesbaden 2002, 38-56.

32. R. ACHENBACH, Die Vollendung der Tora. Redaktionsgeschichtliche Studien zum Numeribuch im Kontext von Hexateuch und Pentateuch, Harrassowitz, Wiesbaden 2003.

33. Cfr. R.P. KNIERIM, The Task of the Old Testament Theology. Substance, Method, and Cases, Wm. B. Eerdmans Publishing Co., Gran Rapids, MI-Cambridge UK 1995, 381-385.

34. Cfr. G.J. WENHAM, Numbers, Sheffield Academic Press, Sheffield 1997, 14.

35. Cfr. J.L. SIGA, Introducción a la lectura del Pentateuco, Verbo Divino, Estella 2001 (primera edición, en italiano, de 1998), 36.

36. Cfr. G.B. GRAP, A Critical..., cit., xxvi-xxix.

37. D.T. Olson en su comentario a Números publicado en 1985 constata que de los treinta y tres comentaristas consultados que basan sus estructuraciones del libro en criterios geográficos encontró dieciocho propuestas significativamente distintas. Cfr. D.T. )OLSON, The Death of the Old and the Birth of the New: The Framework of Numbers and he Pentateuch, Scholar Press, Chico CA 1985, 35.

38. P.J. BUDD, Numbers. Word Biblical Commentary, vol. 5, Word Books, Waco Texas 1984.

39. Cfr. W H. BELLINGER Jr., New International Bíblical Commentary. Leviticus and Numbers, Hendrickson Publishers, Peabody Massachusetts 2001, 171-172.

40. Cfr. D.T OLSON, The Death..., cit., 83.

41. El mismo autor ha escrito más recientemente otro comentario dirigido más directamente a la enseñanza y a la predicación, en el que explora las consecuencias de su propuesta anterior. Cfr. D.T. OLSON, Numbers. Interpretation. A Bible Commentary for Teaching and Preaching, John Knox Press, Louisville Kentucky 1996.

42. Cfr. J. MILGROM, The JPS Torah Commentary. Numbers, The Jewish Publication Society, Philadelphia-New York 1990, xvi-xviii.

43. Cfr. M. DOUGLAS, In the Wilderness. The Doctrine of Defilement in the Book of Numbers, JSOT Press, Sheffield 1993, 118-119.

44. Cfr. G.J. WENHAM, Numbers, cit., 22.

45. Cfr. R. D. COLE, The New American Commentary. Vol. 3B. Numbers, Broadman and Holman Publishers, Nashville Tennesse 2000, 40-42.

46. Cfr. O. ARTUS, Les lois du Pentateuque. Points de repère pour une lectura exégétique et théologique, Cerf, Paris 2005, 31-44.

47. Cfr. T.R. ASHLEY, The Book of Numbers, William B. Eerdmans Publishing Company, Grand Rapids Michigan, 1993, 3.

48. Cfr. TB. DOZEMAN, «The Book of Numbers», en The New Interpreter's Bible, vol. II, Abingdon Press, Nashville 1998, 23.

49. Cfr. R.P. KNIERIM y G.W. COATS, Numbers, Win. B. Eerdmans Publishing Co., Grands Rapids Michigan 2005, 11.

50. Cfr. ¡bid., 16-17. Este esquema ya había sido propuesto anteriormente por el mismo R.P. KNIERIM, «The Book of Numbers», en E. BLUM, C. MACHOLZ  y E.W. STEGEMANN (eds.), Die Hebräische Bihel und ihre zweifache Nachgeschichte: Festschrift für Rolf Rendtorff zum 65. Geburtstag, Neukirchener Verlag, Neukirchen-Vluyn 1990, 156-160.

51. Cfr. J.L. SKA, Introducción..., cit., 61-62.

52. No nos referimos al esquema tal y como lo propuso Wellhausen, sino más bien a cómo quedó ese esquema tras la sistematización de G. von Rad, que es la que se popularizó más a mediados del siglo pasado.

53. Pensamos, por ejemplo, en el comentario de Baruch A. Levine para la Anchor Bible, publicado en dos volúmenes: B.A. LEVINE, The Anchor Bible. Numbers 1-20. A New Translation with Introduction and Commentary, Doubleday, New York 1993 y B.A. LEVINE, The Anchor Bible. Numbers 21-36 A New Translation with Introduction and Commentary, Doubleday, New York 2000. También se podría incluir aquí, aunque con menos precisión aún, la hipótesis de E. Zenger antes mencionada, que de algún modo sigue presuponiendo un documento JE, un deuteronomista y un sacerdotal con unas dataciones no muy distintas a las «tradicionales», aunque dentro de un marco radicalmente nuevo.

54. Es lo que sucede con el Yahvista de J. van Seters, entre otros.

55. Eso parecen presuponer las vicisitudes redaccionales desde la KD a la KP de E. Blum.

56. Una muestra significativa de este tipo de lectura, además de los mencionados hasta ahora, es la que se ofrece en J.S. ACKERMAN, «Numbers», en R. ALTER y F. KERMODE, The Literary Guide to the Bible, Harvard University Press, Cambridge Massachusetts 1990, 78-91.

57. Es lo que sucede con el tratamiento que recibe el libro de los Números, como los demás del Pentateuco, por parte de Jean Louis Ska y de Félix García en sus respectivos manuales: Cfr. J.L. SKA, Introducción..., cit., 59-63 y E GARCIA, El Pentateuco, Verbo Divino, Estella 2003, 241-267.

58. Cfr. J.T LIENHARD y R.J. ROMS, La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia. 3. Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Ciudad Nueva, Madrid 2003 (primera edición, en inglés, de 2001), 285-360.

59. Cfr. «Números», en FACULTAD DE TEOLOGÍA, UNIVERSIDAD DE NAVARRA, Sagrada Biblia. Pentateuco, Eunsa, Pamplona 1997, 583-741.